Lipoescultura

El volumen del rostro puede verse afectado por desproporciones en la cantidad de grasa que existe debajo de la  piel. El tejido graso suele mantenerse uniforme hasta los 25 años, y es a partir de esta edad cuando los diferentes compartimentos de grasa de la cara empiezan a cambiar su volumen y/o a descolgarse. Eso tiene como consecuencia la aparición de bolsas y surcos.

Con la técnica de la lipoescultura, desarrollada en 1995 por Coleman, se consigue redistribuir el tejido graso. Se procede a la lipo-aspiración de aquellas zonas con exceso de grasa (como por ejemplo la papada), se centrifuga y se conservan las células madre que darán lugar a nuevo tejido graso una vez inyectadas en zonas con déficit de volumen, como los surcos faciales.

Al tratarse de la grasa del propio paciente, no existe rechazo. No obstante, existe cierto grado de reabsorción y es posible que se requiera alguna sesión suplementaria de relleno. Una vez conseguido el volumen deseado, los resultados serán estables y muy naturales.